martes, 26 de julio de 2016

La pareja





Todas las mujeres son iguales. Demandan y demandan, seguras de que, a la larga, van a cambiarte.
Nunca van a entender que los hombres somos más simples, más directos, que somos esto, lo que se ve.

Yo los escuchaba desde la cocina, mientras preparaba el café. Mi marido trataba de explicarle a los chicos la causa más primitiva de las diferencias de pareja.

Las chicas estaban arriba, en el cuarto de Mariana, mostrando y probándose todo lo que habían comprado esa tarde en la salida de shopping de los sábados.

Durante la cena surgió una fuerte discusión entre Mariana y su novio. Y, por supuesto, las mujeres nos armamos en su defensa y los hombres se agruparon en el otro rincón.

Cuando la discusión, ya generalizada, llegó a una intensidad inaceptable, les sugerí a las chicas subir a disfrutar sus compras y a los hombres, pasar al living a tomar algo fuerte, mientras yo preparaba el café.

Y en eso estaba cuando mi marido lanzó sus máximas. No es justo, me repetía, no es justo. No puede estar diciendo en serio que somos todas iguales. Nosotros siempre compartimos, consultamos, consensuamos. Ese que habla no puede ser mi marido, el padre de mis hijos, el que compartió mi vida. Yo siempre sentí que llegábamos a acuerdos. Dejé de lado muchas cosas porque no las compartíamos... y él debió dejar muchas también. ¿Por qué siempre la culpa es nuestra? Si son ellos los que no nos entienden, los que no se preocupan por saber qué nos pasa, los que no preguntan, los que siempre callan...

Y de pronto ¡me dí cuenta! Menos mal que mi hija y mis nueras no están a mi lado para tener esta charla...

Ellos nos definen del otro lado de la puerta, del mismo modo que yo los defino de este lado, pero en silencio...

¡Gracias a Dios por el silencio! ¡Si estamos juntos es, justamente, por nuestras diferencias!



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