Jorairátar, pequeña aldea, pueblo blanco, todos familia, todos testigos, todos jueces, todos amigos...
Padre sentado afuera, ve transitar a su gente: van a la plaza, vienen de la iglesia, visitan, comparten...
Y él se siente afuera...
Ya partió su hijo, el de las promesas, el de vida santa, el más sumiso, el más creyente... De repente, un día, dejó el seminario, dejó sus creencias. Armó su equipaje y partió a América.
El pueblo, su pueblo, lo vivió en silencio. Nadie dijo nada. Bajaban la vista cuando los cruzaba.
Se hizo costumbre, se encarnó en la casa.
Y cuando la calma ya lo iba ganando, se extendió el murmullo de un nuevo quebranto. Y esta vez fue fuerte, ya el otro no tanto. Tocaron profundo en su honor de padre. Su hija, a escondidas, lo está mancillando. Muchos lo sospechan, otros se lo inventan. Ya está hecha la siembra...
Padre se levanta, entra a la vivienda y con voz cansada les anuncia quedo: "nos vamos de España"...
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