miércoles, 27 de julio de 2016
Inventar raíces
Para reivindicar el duelo
de una niña perdida
voy a formar collares
de canciones bonitas
Voy a bordar el cielo
de encajes de alegría
Voy a acolchar el suelo
con burbujas de risa
Para borrar sus lágrimas
voy a mezclar los pétalos
más suaves de sus días
Para alcanzar su alma
voy a trenzar muy fuerte
los eslabones de su vida
Las raíces
Jorairátar, pequeña aldea, pueblo blanco, todos familia, todos testigos, todos jueces, todos amigos...
Padre sentado afuera, ve transitar a su gente: van a la plaza, vienen de la iglesia, visitan, comparten...
Y él se siente afuera...
Ya partió su hijo, el de las promesas, el de vida santa, el más sumiso, el más creyente... De repente, un día, dejó el seminario, dejó sus creencias. Armó su equipaje y partió a América.
El pueblo, su pueblo, lo vivió en silencio. Nadie dijo nada. Bajaban la vista cuando los cruzaba.
Se hizo costumbre, se encarnó en la casa.
Y cuando la calma ya lo iba ganando, se extendió el murmullo de un nuevo quebranto. Y esta vez fue fuerte, ya el otro no tanto. Tocaron profundo en su honor de padre. Su hija, a escondidas, lo está mancillando. Muchos lo sospechan, otros se lo inventan. Ya está hecha la siembra...
Padre se levanta, entra a la vivienda y con voz cansada les anuncia quedo: "nos vamos de España"...
martes, 26 de julio de 2016
La pareja
Todas las mujeres son iguales. Demandan y demandan, seguras de que, a la larga, van a cambiarte.
Nunca van a entender que los hombres somos más simples, más directos, que somos esto, lo que se ve.
Yo los escuchaba desde la cocina, mientras preparaba el café. Mi marido trataba de explicarle a los chicos la causa más primitiva de las diferencias de pareja.
Las chicas estaban arriba, en el cuarto de Mariana, mostrando y probándose todo lo que habían comprado esa tarde en la salida de shopping de los sábados.
Durante la cena surgió una fuerte discusión entre Mariana y su novio. Y, por supuesto, las mujeres nos armamos en su defensa y los hombres se agruparon en el otro rincón.
Cuando la discusión, ya generalizada, llegó a una intensidad inaceptable, les sugerí a las chicas subir a disfrutar sus compras y a los hombres, pasar al living a tomar algo fuerte, mientras yo preparaba el café.
Y en eso estaba cuando mi marido lanzó sus máximas. No es justo, me repetía, no es justo. No puede estar diciendo en serio que somos todas iguales. Nosotros siempre compartimos, consultamos, consensuamos. Ese que habla no puede ser mi marido, el padre de mis hijos, el que compartió mi vida. Yo siempre sentí que llegábamos a acuerdos. Dejé de lado muchas cosas porque no las compartíamos... y él debió dejar muchas también. ¿Por qué siempre la culpa es nuestra? Si son ellos los que no nos entienden, los que no se preocupan por saber qué nos pasa, los que no preguntan, los que siempre callan...
Y de pronto ¡me dí cuenta! Menos mal que mi hija y mis nueras no están a mi lado para tener esta charla...
Ellos nos definen del otro lado de la puerta, del mismo modo que yo los defino de este lado, pero en silencio...
¡Gracias a Dios por el silencio! ¡Si estamos juntos es, justamente, por nuestras diferencias!
jueves, 21 de julio de 2016
Día del amigo
No importa la distancia
no importa si no nos vemos
nuestras voces dan abrazos
que abrigan los pensamientos
y las risas nos dan alas
para cumplir nuestros sueños
Eres, amiga mía,
la que conoce mi adentro
como yo he descubierto
todo tu sentir secreto
¡Por eso nos festejamos
con un abrazo sincero
en este día del amigo
que lo es el año entero!
martes, 12 de julio de 2016
Hermana
Todos los viajes pasa lo mismo.
Me lo propongo como la buena acción del día, pero no lo logro. Lo sufro y no
aprendo. Me miro al espejo, me veo, me hablo, me consuelo, me aconsejo…
Y vuelvo a caer. Entonces lo
hablo, se lo cuento a ella, le explico que es duro para las dos porque la culpo
a ella y lo sufro. Y le digo que sé que no me entiende pero igual lo intento.
Mi hermana se disculpa, yo lo
acepto. Y la historia se repite siempre.
Hasta ayer u hoy, hasta esta última vez. Es tan difícil liberarse de la culpa, mejor que eso, evitarla, porque los motivos no la justifican.
Para eso me sirvió el espejo. Mis lágrimas
lavaron esas culpas y me permitieron ver las diferencias que nos dañan.
Y de golpe aprendí que hay una
forma diferente de querer a una hermana que no es la entrañable compañera que
comparte el mensaje en la mirada.
Ahora sé que cuando vuelva
podremos disfrutar lo que sí compartimos y alejarnos de lo que nos daña.
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