Le
fue dando forma como dan sus manos,
el
piso cerrado, firme pa’que aguante
los
distintos fuegos que habrán de mandarle.
Preparó
la entrada amplia y demarcada.
Siguió
en las paredes de cuerpo redondo
que
en cielo cerraba la panza de barro.
Cuando me mudé a Córdoba,
viví en una casa con horno de barro. Nunca cociné en uno. “Me encantaría”,
pensé.
Como es de suponer, mi
familia vino a visitarme a menudo. Alguna vez mi mamá comentó que ellas (su
mamá y hermanas) usaban horno de barro.
¡Qué lindo!, dije. ¿Y vos
sabés cómo se hace?
Sí, me acuerdo que
juntábamos leña chica para calentarlo.
Y juntas cruzamos al terreno
vecino que era un baldío, a buscar todas las ramitas que pudimos encontrar,
apropiadas para calentar el horno.
¿Y qué vamos a cocinar?,
pregunté insegura, pensando que no teníamos nada especial para horno de barro…
¡El pernil que íbamos a
hacer al horno para mañana!, sugirió mi mamá, ya contenta con la idea.
Preparamos el fuego y me contó los secretos, que había
aprendido de mi abuela, para que el calor fuera parejo.
Y mientras tomábamos unos
mates, controlando el grado de calor que iba alcanzando el horno, comenzó a
contarme cómo su mamá fue haciendo el de ellas. Mi mamá era chiquita, pero se
acordaba. Y me iba describiendo la magia que le parecía al ver cómo mi abuela
amasaba el barro y se ajetreaba dándole forma con sus manos suaves y hacedoras.
Y, por fin, hicimos el
pernil de cerdo. Me enseñó el secreto del papel flotando para saber que el
calor había llegado a su mejor punto; que la temperatura debía adecuarse a lo
que cocías: masas son distintas de carnes o verduras; qué cocino al fondo, qué
al medio, qué apenas a la entrada para que no se pase.
Y se nos fue la mañana,
preparamos la ensalada, pusimos la mesa, trajimos la carne…
Y todavía me dura la alegría
de haber usado el horno que para mi mamá era el símbolo del valor de su madre, que siendo muy
joven perdió a su marido y no se amilanó ante nada. Trabajó muy duro por sus
cuatro hijos, los crió solita y sin nada heredado. Y con tanto empeño…¡hasta
hizo su horno de barro!
Leonor Tovar