martes, 26 de abril de 2016

Aquella tarde





Aquella hermosa tarde
a orillas del arroyo
con cuatro flores silvestres
y unos cuantos yuyos raros
armaste una hermosa foto
¡foto de calendario!
Hace ya varios años
de aquel mágico instante
y siempre vuelvo al arroyo
a buscar aquella tarde.
"Es irrepetible" me digo
y en mi silencio la guardo.
Yo sé que día tras día
volveré para buscarte...



Para ver el paisaje







Inmenso paisaje que se abre
a través del ventanal...
¡Paisaje lleno de pequeños paisajes!
Cada árbol, cada casa,
cada mínimo matorral
sacudido por el viento, 
el leve viento que se mete
por los vericuetos impensados
de todos los paisajes.
Los estoy viendo jugar
en la galería de la casa alta.
Imagino unos niños corriendo
detrás de un globo que se vuela.
El perro corretea con ellos.
Hasta escucho sus voces,
sus risas, sus jadeos.
La madre los llama para el almuerzo.
Yo sigo girando con el viento.
Llegué a un bosquecito
que insinúa un arroyo
por su vientre.
Lo busco, no lo encuentro
aún cuando escucho
del agua su gorjeo.
Sigo paseando con el viento
mientras limpia los techos,
les va barriendo el peso
de tanta mirada absorta,
va puliendo el detalle
de tan riquísimo cuadro,
lo va dejando impecable
para el que sigue mirando...



martes, 19 de abril de 2016

Esperando a mi amada



Una mesita coqueta
vestida para esas flores,
un platito con los dulces,
unas frutas descuidadas.

Nada mejor en la sala
para esperar a mi amada.
Su madre se las ingenia
para entretener mis ansias.

Sabe que su niña olvida
estos tiempos de la espera,
que coquetea en el espejo,
que juega con sus modales.

No sabe que yo la amo
por ser como es, y lo callo
para que siga mimando
mis esperas en la sala.

Y seguirá sin saberlo,
mientras la niña se arregla
yo la seguiré esperando
con esa mesa galana.


lunes, 18 de abril de 2016

El horno de barro



Le fue dando forma como dan sus manos,
el piso cerrado, firme pa’que aguante
los distintos fuegos que habrán de mandarle.
Preparó la entrada amplia y demarcada.
Siguió en las paredes de cuerpo redondo
que en cielo cerraba la panza de barro.



Cuando me mudé a Córdoba, viví en una casa con horno de barro. Nunca cociné en uno. “Me encantaría”, pensé.
Como es de suponer, mi familia vino a visitarme a menudo. Alguna vez mi mamá comentó que ellas (su mamá y hermanas) usaban horno de barro.
¡Qué lindo!, dije. ¿Y vos sabés cómo se hace?
Sí, me acuerdo que juntábamos leña chica para calentarlo.
Y juntas cruzamos al terreno vecino que era un baldío, a buscar todas las ramitas que pudimos encontrar, apropiadas para calentar el horno.
¿Y qué vamos a cocinar?, pregunté insegura, pensando que no teníamos nada especial para horno de barro…
¡El pernil que íbamos a hacer al horno para mañana!, sugirió mi mamá, ya contenta con la idea.
Preparamos el  fuego y me contó los secretos, que había aprendido de mi abuela, para que el calor fuera parejo.
Y mientras tomábamos unos mates, controlando el grado de calor que iba alcanzando el horno, comenzó a contarme cómo su mamá fue haciendo el de ellas. Mi mamá era chiquita, pero se acordaba. Y me iba describiendo la magia que le parecía al ver cómo mi abuela amasaba el barro y se ajetreaba dándole forma con sus manos suaves y hacedoras.
Y, por fin, hicimos el pernil de cerdo. Me enseñó el secreto del papel flotando para saber que el calor había llegado a su mejor punto; que la temperatura debía adecuarse a lo que cocías: masas son distintas de carnes o verduras; qué cocino al fondo, qué al medio, qué apenas a la entrada para que no se pase.
Y se nos fue la mañana, preparamos la ensalada, pusimos la mesa, trajimos la carne…
Y todavía me dura la alegría de haber usado el horno que para mi mamá era el  símbolo del valor de su madre, que siendo muy joven perdió a su marido y no se amilanó ante nada. Trabajó muy duro por sus cuatro hijos, los crió solita y sin nada heredado. Y con tanto empeño…¡hasta hizo su horno de barro!

                                                                                                                             Leonor Tovar


domingo, 17 de abril de 2016

Vivir cada día





Cada día
cuando el sol se me cuela en las pestañas
y me avisa que el camino sigue,
repaso lo ganado y lo perdido,
descubro errores,
reconozco logros
y en el desperezo
sacudo las culpas
que pudieron quedarse
sin consentimiento
y me apronto a la vida que me espera
con los brazos abiertos

 - - - 


En esta segunda adolescencia
tengo el impulso de mi sangre ardiente
tengo la calma de una vida entera
tengo los sueños cargados de experiencia
y tengo la certeza del puedo porque quiero




21 de marzo





En este día de poesías despeinadas,
sembradas por todos los rincones
saboreadas por todos sus lectores
asombrándose aún por festejadas…
Son mariposas, abejas, picaflores
libando de cada flor, de cada hoja,
pintando todo con esa fantasía
de colores y aromas que la encantan…

¡Feliz día, poesía, por sus autores!



Los sueños







Con cada hoja de otoño
que se cae
se va abonando el suelo
de los sueños
Y en cada primavera
en cada flor
germina la semilla
que lo sueña


sábado, 16 de abril de 2016

Los margaritones de mi abuela






Mi abuela prefirió el monte a plantarlos en su casa
le gustaba a ella misma buscarlos en el campo.
Como todas las semanas, sabía que la esperaban
Y se vestía de visita y se calzaba zapatos.

Nosotros, muy pequeñitos, esperábamos callados.
La abuela nos preparaba y debíamos comportarnos.
Nos apuraba su paso a través del monte bajo;
ella cortaba flores y nosotros correteábamos.

Según nos daban las manos, ayudábamos con los ramos,
ella los acomodaba mientras los iba contando.
Cuando llenaba el canasto, seguíamos caminando
hasta llegar a la casa de los que ya no nos cantan.

Ella también ha partido a vivir al camposanto.
Nosotros ya somos grandes. Ella tampoco nos canta.
Y cada domingo vamos a buscar al monte bajo
los margaritones blancos para llenar su canasto.

Y mientras comemos juntos los domingos de familia,
el guiso que más recuerda el que ese día cocina,
descansa en la mesita baja, que a ella tanto le gustaba,
el canasto con sus flores, que su presencia delatan.