lunes, 27 de junio de 2016

Vecinos nuevos (2007)


Anoche llegó una camioneta con cajas. Grandes. ¿Otra mudanza? Siempre vienen de noche…
No pudo ver si había alguna cara nueva. Los dos hermanos (al menos lo parecen) descargaron las cajas rápidamente y la camioneta se fue como alma que lleva el diablo.
Ya van como tres mudanzas esta semana. Tiene que estar atenta esta noche porque alguien se puede ir…
Dejó entreabierta la ventana del living, las luces apagadas. Cenó, apurada, en la cocina, para no perderse movimiento alguno. No lavó nada. Dejó todo en la pileta y se fue a sentar en el sillón, completamente a oscuras.
Los ruidos de la noche se fueron apagando. Se quedó dormida, por supuesto. Algún ruido la despertó con sobresalto. Un auto negro estaba estacionado justo delante de la ventana. Se bajó una pareja de jóvenes. No le gustó su aspecto: no parecían honrados… (¿basándote en qué?, le preguntó su hija cuando se lo contó). No sabría decirlo. Tal vez por su manera de entrar en la casa, furtivos, como escondiéndose.
Volvió a dormirse. Cuando se despertó ya había movimiento en la calle. Pronto sería de día. No valía la pena ir a la cama.
Se preparó el desayuno, buscó la pañoleta para abrigarse… La noche en el sillón le había dado frío.
Su hija pasó al mediodía. Quiso contarle su preocupación, pero fue inútil. No le creía.
Desde que los peruanos abrieron el quiosco enfrente, ella supo que era una fachada.
Cuando veía llegar chicas en mitad de la noche, suponía que eran tratantes de blancas.
Las camionetas le abrieron una nueva alternativa: ¡alojaban ilegales!
Mientras esperaba los pasos de sus personajes, los iba identificando noche a noche.
El del quiosco tiene esposa e hijo. El bebé es de ellos, no hay dudas.
El hermano parece que está noviando con una de las chicas que llegó el mes pasado.
Hace varias noches que van y vienen juntos. Es linda la chica; algo le dice que es hermana de la del quisco… ¡Sí!, ¡si son iguales!
Las noches de vigilia se suceden entre drogadictos, traficantes, ilegales, entresueños, camionetas y una cama que sólo se usa en la siesta…
Su hija percibe el cansancio de sus noches en vela. Las desconoce, pero nota su aspecto. Algo pasa. “No estás bien sola, mamá”, le repite una y otra vez en sus visitas.
¡No le cree y no la entiende!
Después del desayuno, todos los días, lee el diario.
Cuando lee la noticia de los narcotraficantes hallados en un hotel alojamiento, está segura que son ellos.
Por primera vez en largo tiempo, se cruza al quiosco a comprar caramelos.
Saluda muy cordialmente a la peruana. Le pregunta por su familia, por su hermana…

No se sorprende cuando le responde: “¡Se fueron esta mañana!”


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